Cada día

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El anuncio de la disolución definitiva de ETA es una buena noticia, pero bien amarga. Pone fin a casi 60 años de muerte, miedo y abusos. Una larga historia de violencia que continuó más allá de toda lógica.

A los 829 muertos que causó, las 20.000 personas que dejó heridas física o psicológicamente, las 10.000 personas que chantajeó, las miles que tuvieron que exiliarse del País Vasco o que vivir en él con la muerte pisándoles los talones… a todo eso, hay que sumar su contribución al fortalecimiento del terrorismo de Estado y del autoritarismo en la sociedad española, que durante todos estos años encontraron en ETA el mejor argumento para justificar su existencia y amenazar así la libertad de todos. ETA no ha conseguido nada de lo que pretendió alcanzar con las armas, pero sí ha servido para minar y ayudar a corromper la democracia española. Su existencia no sólo ha sido criminal e inútil, también ha sido cruelmente estúpida.

*Link a la noticia de la disolución de ETA: https://www.infolibre.es/noticias/politica/2018/05/03/eta_disuelve_tras_asesinar_829_personas_secuestrar_extorsionar_000_con_358_crimenes_sin_resolver_82417_1012.html
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Si se escucha el agrio coro de voces del descontento y sus motivos: el millar de políticos encausados por corrupción, sentencias judiciales claramente injustas, limitaciones a la libertad de expresión, detenciones bajo falsas acusaciones de terrorismo o de rebelión, escándalos de nepotismo y favoritismo. Resulta muy difícil entender que no haya dimisiones en cascada y que las encuestas electorales no anuncien un cambio radical, sino más de lo mismo.

Buena parte de la explicación a este desastre seguramente tiene que ver con el lenguaje político de España, que está lleno de insultos, de chascarrillos, groserías y sandeces. Le falta rigor, análisis, enjundia y coherencia. Se dice cualquier cosa, de cualquier manera. Y los ciudadanos se han habituado a que el juego político se parezca a un reality show. Las ocurrencias han sustituido a la política. Y no se puede regenerar un país sin un lenguaje que ayude a pensar.

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La Historia nos dice que uno sabe cómo empiezan los mecanismos legales de excepción, pero no cómo terminan. Y suelen acabar mal. El gobierno de España anuncia una aplicación a Cataluña del artículo 155 de la Constitución que va a poner a esa comunidad autónoma en situación de excepcionalidad con la destitución de su gobierno, el bloqueo de su parlamento y el control directo desde Madrid de todas sus instituciones, medios de comunicación públicos incluidos. Y ya se apunta la posibilidad de que esa situación excepcional se prolongue más allá de los seis meses anunciados.

La vaguedad de la redacción del artículo 155 y la inexistencia de normativa que explicite y controle cómo debe aplicarse lo convierte, de hecho, en un cheque en blanco de poder absoluto para el gobierno de España, que está en manos de un partido podrido hasta la médula con casi un millar de casos de corrupción en los tribunales. Darle ese cheque es suicida.

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