¡Clinc!

Viernes, 14 Octubre 2011 05:00
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Cuando una bala se dispara en Libia, Afganistán, Gaza, Colombia o México, una máquina registradora hace ¡clinc! en alguna oficina de Nueva York, París, Madrid, Moscú o Londres. Sólo que el ruido de las bombas y los gritos no permiten escucharlo. Se habla de paz, pero se la proclama y traiciona en un mismo acto. La palabra paz suena en ciertas bocas como el impacto de un proyectil en un cuerpo humano: ¡zap!. Como si sus tres letras fueran el eco de un disparo.

Todo esfuerzo es poco para la paz, se dice, pero el camino de la paz lo controlan los guerreros. Luego ningún gasto es suficiente para preparar la guerra. Y se invoca el miedo a la guerra para usar las armas que habrán de destruir todo aquello que se reconstruirá después; para que continúe así la liturgia discreta de sagradas cuentas bancarias. ¡Clinc! La música de la codicia. El ritmo interno de una lógica: la que convierte la desdicha y la muerte de unos en el negocio de otros.

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