Que los hombres medimos y nombramos el mundo y luego pretendemos que éste se comporte conforme a nuestras medidas y criterios, es cosa sabida. Pero solemos olvidarlo y confundimos una manzana con la palabra manzana (Magritte dibujó una manzana y escribió al pie “esto no es una manzana”, pero tampoco lo es la palabra que la nombra). Por eso inventamos el paréntesis de las vacaciones y nos vamos con la idea de que la realidad misma queda entre paréntesis.
Sólo que la realidad no se toma vacaciones. En esta era hipercomunicada no importa el rincón al que se huya en busca de descanso, la realidad nos persigue tenaz como mosca veraniega. Y así nos llegan las noticias del atroz accidente de tren en el que parece haber un culpable del hecho y ningún responsable de las circunstancias que permitieron esa culpa. O la matanza de islamistas en Egipto, crimen anunciado por el propio Ejército. Volvemos con la sensación de no habernos ido.