La presencia de Rajoy en el parlamento para hablar del caso Bárcenas ha mostrado todas las carencias del actual sistema político español: Un presidente que no asume su responsabilidad política por haber apoyado a un presunto delincuente e invoca la presunción de inocencia, como si sólo quien es condenado por un delito debiera dimitir; un líder la oposición cuyas críticas están lastradas por la propia corrupción de su partido y por sus intentos de evadir su responsabilidad política cuando estuvo en el gobierno; un parlamento en el que un partido que no llegó al 50% de los votos impone un poder absoluto con más del 50% de los diputados.
Una cosa es la culpa penal y otra la culpa por errores políticos, y por eso el gobierno debe responder políticamente por sus acciones. Pero si la dimisión de Rajoy es hoy una necesidad nacional, también lo es la de Rubalcaba. Es suicida seguir a merced de este duelo titánico de irresponsables.

