Una parábola

Jueves, 19 Enero 2012 04:58
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De madrugada. Al final del pasillo vemos una sombra, la silueta de un extraño que nos corta el paso. Parece estar al acecho. Avanzamos lentamente y el miedo se apodera de nosotros cuando vemos que él también camina, amenazadoramente, a nuestro encuentro. Nos detenemos. ¿Por qué está ahí?, gritamos, ¿qué pretende? ¿Qué hace en nuestra casa? Silencio. Podríamos retroceder, pero no somos nosotros quienes tienen que irse y, de golpe, el miedo deja paso a una ola de ira.

Sentimos que estamos abocados a la lucha, que debemos librarnos del extraño antes de que ejecute sus oscuros propósitos. Aceleramos el paso, vamos hacia él, que no se arredra y corre a nuestro encuentro. Cada vez está más cerca. Sus perfiles emergen de las sombras y en el último momento nos detenemos, y nos brota una risa de alivio y nervios. Somos nosotros mismos que reímos, estúpidos y pálidos, ante el espejo. Definitivamente, necesitamos tener más luces.

Personajes de película

Miércoles, 18 Enero 2012 05:22
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En una sociedad de la imagen, la narrativa cinematográfica juega un papel central. Las guerras, por ejemplo, se muestran como superproducciones en las que se usa la técnica de la elusión: sólo se narran los momentos que el narrador elige. Y eso deja fuera de foco lo que no se quiere ver. Lógicamente, también las actitudes de las personas públicas se miden como si fueran personajes de cine.

La mayoría de los guiones del cine de masas son de un esquematismo infantil, si hasta se habla de buenos y malos de película. Tal vez eso explique la credulidad general. Si Rajoy y Sarkozy, por ejemplo, critican el papel de los Mercados, sus palabras se dan por buenas aunque las medidas que toman las contradigan. Decir una cosa, hacer otra. La mentira es esencial en el discurso del poder y la razón es simple: mentir es un pecado menor comparado con ordenar bombardear ciudades o aprobar recortes que hundirán las vidas de millones de personas.

De lectura obligatoria

Martes, 17 Enero 2012 05:09
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En su libro Allegro ma non troppo, el economista Carlo M. Cipolla  enumera las cinco leyes de la estupidez: 1) Siempre se subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. 2) Una persona puede ser estúpida independientemente de cualquier otra característica que tenga. 3) El estúpido causa daño a otros sin obtener beneficio e, incluso, dañándose a sí mismo. 4) Los no estúpidos olvidan que tratar o asociarse con estúpidos es siempre un grave error. 5) El estúpido es la persona más peligrosa que existe.

El hundimiento del crucero Costa Concordia es el último ejemplo de la precisión matemática de esas leyes: un marino experto tiene la peregrina idea de acercar el barco a la costa a modo de saludo a los lugareños y hunde la nave, la vida de decenas de persona y la suya propia. Como decía Schiller: “contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano”. El libro de Cipolla debería ser de lectura obligatoria.